Ollagüe y rumbo a Camiña

Es de aquellos poblados, acerca de los cuales alguna vez escuché… que quedaba cerca de la frontera con Bolivia…. ¡Más, no sabía! Lo realmente importante es que se trata de un poblado donde existe un paso fronterizo formal, pero en el sector abundan los pasos ilegales. El poblado tiene como telón de fondo montañas que se levantan por sobre los 5 mil metros de altura: los volcanes Ollagüe y Aucalquincha. Más al sur, los salares Carcote y Ascotán, los que visitamos en el camino. Es muy frío en la noche y madrugada, de hecho, fue el único lugar en todo el viaje altiplánico, donde la temperatura bajó claramente de 0ºC, concretamente a -4ºC.

Pero antes y después de haber salido de San Pedro de Atacama un día domingo, no tan de madrugada, la carretera estaba desolada ya que Calama estaba en cuarentena y debíamos pasar por ahí, rumbo a Chiu-Chiu y Lasana, para proseguir a Ollagüe. En total recorrimos 300 km de carretera despejada ese día. Por ambos poblados realizamos un recorrido corto y en ambos no se permitía el acceso a lugares turísticos o al Pucará. Por ahí encontramos unas llamas enjauladas, las que el criancero seguramente sacaría a pastar más tarde.

Valle Lasana

Después de un primer control de Carabineros, proseguimos por la ruta, que cruzando a Bolivia lleva al Salar y poblado de Uyuni en Bolivia, donde “se dice”, se pueden ver alguno de los mejores parajes altiplánicos. Pero en esta ocasión, pasar la frontera no estaba en los planes. En la ruta, con nostalgia, vi el cartel que indicaba el camino rumbo al Tatio, al cual esperaba subir por tercera vez y presentarlo a Willy. La pandemia lo impidió.

Fue en esta ruta, donde por primera vez vimos muchas Vicuñas, grandes rebaños de este camélido en riesgo de extinción debido a cazadores furtivos.

Un poco más arriba, tocaba nuestro segundo control de Carabineros, casi a la altura del Salar Ascotán. En este control obligado y tras un breve intercambio de opiniones con el cabo a cargo, nos encargó no llevar a personas “a dedo”, ya que con alta seguridad se trataría de “burreros” de cocaína. En verdad, no nos sucedió ni de ida o regreso.

Unos km más allá y con la suerte que se había despejado un poco, nos encontramos con este bello salar. Pero el clima estaba rápidamente cambiante, bastante ventoso, nublado a parcial, luego nublado nuevamente y al llegar al Salar Carcote, incluso llovizna. Luego, 15 km más allá al llegar a Ollagüe, nuevamente parcial a soleado. Y así estuvo el resto del día…

Salar Ascotán
Salar Carcot
Resultado de imagen de ollague wikiwand

Finalmente en Ollagüe, donde dicen que viven unas 400 personas, pero me tinca que son bastante menos, da la impresión de ser un pueblo del “Far West” pero altiplánico y rodeado de volcanes. Bastante desolado y muerto. Las calles no tienen nombre y las casas sin número, por lo que costó un poco encontrar nuestro hostal que habíamos reservado desde San Pedro. Siempre supimos que el atractivo no era el poblado de Ollagüe, sino la ruta y esa, sin duda ya había valido la pena por la distancia recorrida. No había forma de conseguir bencina y además, la ruta altiplánica a Colchane estaba muy dañada, por lo cual desistimos realizar ese camino (además, nos hubiésemos encontrado con tremendo “pastel” en Colchane con el tema inmigrantes ilegales, quizás incluso en la ruta). Ello significaba, que volveríamos por donde vinimos y después de descartado Colchane y en el intertanto debido al Covid también Pica y Mamiña, los boletos eran para Camiña, un lugar que jamás había escuchado y que como comuna estaba en “Fase 3”. A distancia, desde la ruta conseguimos un hostal a 12 lucas (unos US$ 17) para los dos, sin desayuno. Por ese precio esperábamos lo peor, pero no fue así.

Tras dejar algunas pilchas en la habitación salimos a dar una vuelta por el poblado, acompañados por un perro San Bernardo que nos escoltó todo el tiempo. Tipo 17 hrs estábamos para siesta, lo cual también hicimos, ya que por la inestabilidad climática nos sugirieron no emprender alguna excursión a los alrededores. Cenamos temprano e igual caímos desplomados. Al día siguiente sería otra travesía larga.

Como ya mencioné, la noche estuvo helada, pero nuestro hostal y abrigo de cama muy bien. Deshaciendo el camino, a la ida le habíamos echado el ojo a una formación geológica pegada a la carreter, pero estaba casi lloviendo, por lo cual decidimos filmarla en esta ocasión:

Varias veces nos cruzamos con línea del tren, el cual también está operativo (ver foto) y en este andar “de bajada”, encontramos algunas otras lindas vistas:

Cuando alcanzamos nuevamente la Ruta 5, o Panamericana Norte para quienes somos más antiguos, vistamos las salitreras Pedro de Valdivia, absolutamente abandonada pero menos descuidada de lo que esperaba, y Santa Elena, operativa pero fome. Humberstone está cerrado a público.

En la ruta y cerca de unos geoglifos que se ven muchos mientras se avanza por el desierto, decidimos estacionar y realizar una “once”-almuerzo con nuestros platos preparados “Bavaria”, los que recomiendo ampliamente, especialmente las lentejas y garbanzos. Posteriormente tuvimos que pasar por varios controles sanitarios, ya que Iquique y Pozo Almonte estaban en cuarentena, este último además, repleto de inmigrantes ilegales hacinados en las calles. Finalmente, tipo 19 hrs dejábamos la Ruta 5, enfilándonos durante otros 70 km – que ya parecían un tramo a la vuelta de la esquina – rumbo a Camiña (ese será otro reporte aparte).

Cuando comenzar a aparecer los tamarugos de la Pampa del Tamarugal, ya cansados de ver tanto desierto pelado y caluroso, sabíamos que el acceso a Camiña estaba más cercano.

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