San Pedro de Atacama

Casi 700 km de un pencazo, para no perder la costumbre… Llegamos cuando ya había llegado la oscuridad y ahí, cerca del control sanitario al ingreso de San Pedro, nos esperaba Enrique Walter, un buen amigo que conocemos la recachada de años (casi medio siglo), quien después de vivir una vida movida y medio itinerante por su trabajo e intereses, hace unas décadas atrás decidió radicarse en San Pedro, una vez que se calmara (no del todo) su actividad laboral. Fueron abrazos profundos de reencuentro ahí en la circunvalación, tras unos 15 años en mi caso y para Willy varios años más.

Rumbo a San Pedro, cerca de Calama

Lo seguimos a su parcela, que a esa hora parecía un laberinto entre parcelas y casas, en un lugar llamado Sequitor, que constituye un oasis ampliado en las afueras de San Pedro. Arribados, nos recibe su joven y simpática esposa colombiana Daisy y dos perros guardianes, con los cuales hicimos amistad rápidamente. Junto con ponernos al día en lo esencial, cenar con buen vino, Enrique también nos confirmó que muchos lugares turísticos clásicos en los alrededores estaban cerrados para el turismo, dentro de los cuales lamenté especialmente que no podríamos visitar los Geiser del Tatio y baños termales asociados, Caspana, Laguna Cejar y Tebinquiche, Machuca, pero también nos perderíamos varios otros poblados que son interesantes. Ello acortaría nuestra estadía en dos días. El ingreso al Valle de Luna no era un “must”, pero hubiese sido genial que Willy lo conociera (al menos le dimos un vistazo desde afuera desde un mirador, guiados por Enrique).

Al día siguiente, viernes, partimos con Willy a recorrer la ruta que lleva a la Laguna Miscanti, a los pueblos intermedios que pudiésemos entrar y después cruzar medio a medio el Salar de Atacama. Nuestra primera parada y único poblado que pudimos entrar, fue Toconao, un pueblo que se encuentra a 40 kilómetros de San Pedro. Su nombre significa “lugar de piedras” ya que sus construcciones fueron levantadas con piedra liparita. Frente a la plaza central está la Iglesia y Campanario de San Lucas que datan originalmente del siglo XVIII. Aunque fueron reconstruidos después de terremotos e incendios, conservan su encanto. Según diversos estudios científicos, Toconao data de más de 12.000 años de antigüedad y todos los vestigios arqueológicos que fueron encontrados están en el Museo Gustavo Le Paige en San Pedro de Atacama.

Continuamos en dirección a un acceso a un camino que lleva a las inmediaciones del Volcán Lascar, cerca del poblado Camar (al que no nos dejaron ingresar) llegado por ese camino pedregoso a unos 3.600 m de altura. Nos acercamos bastante al volcán, pero se nos venían unas nubes muy amenazantes. Además, se habían anunciado tormentas eléctricas y dado que es época de invierno boliviano, preferimos no seguir avanzando. Pero el lugar, muy bonito y tremendamente solitario (el video muestra el entorno).

Proseguimos en ascenso en dirección a la Laguna Miscanti y a una altura de aprox. 3.900 m en plena carretera nos encontramos sorpresivamente con un rebaño híbrido de camélidos, caprinos y ovinos. Uno, como buen santiaguino y poco habituado a estos encuentros, se comporta con cierta reserva y precauciones. Al inicio confundí la llama con vicuña, pero con el paso de los días en el Altiplano fui aprendiendo a diferenciar llamas, guanacos, alpacas y vicuñas…

Los siguientes videos sin editar hablan por sí solos….

Finalmente llegamos al acceso hacia la Laguna, pero el acceso estaba semi-bloqueado con unas piedras. Igual pasamos junto a otro auto, pero más allá había una tranca con candado, por lo cual hasta ahí llegaba este paseo y debíamos regresar.

Volviendo por la misma ruta, nos volvimos a encontrar con el rebaño anterior, pero esta vez se habían apropiado de la ruta:

Decidimos dirigirnos en dirección al Salar de Atacama e intentar visitar lo más que fuere posible, dentro de lo permitido. Ingresar las lagunas donde están los flamencos, misión imposible.

Rumbo al salar y sus inmediaciones:

Con lo cambiante del clima, de pronto la velocidad del viento cambió, de hecho aumentó, y desde un nubarrón comenzó a chispear, con 32ºC en pleno desierto y salar.

Al volver a San Pedro, quedamos en ir con Enrique de inmediato al mirador que permitiría ver una fracción del Valle de la Luna, lo cual en efecto hicimos, a pesar de que tuvimos que que salir a través del control sanitario y luego regresar. Pero Enrique tiene sus conocidos y ello fue más rápido de lo que parecía, ya que había mucho auto proveniente de Calama llegando al poblado.

Ese día concluyó con un apoteósico asado en la casa de Enrique, para 4 personas, pero había carne para el doble. Igual le hincamos el diente, ya que no habíamos almorzado…

En la mañana siguiente, Daisy y Enrique habían decidido guiarnos por la ruta en altura en uno de sus vehículos, específicamente la ruta que lleva al paso fronterizo con Argentina (provincias de Jujuy y Salta), el Complejo Jama. El clima, como el día anterior estaba bastante inestable, pero nada terrible, aunque a los 4.700 m de altura donde realizamos nuestra segunda parada, se sentía bastante más fresco que los 4.600 m de altura que sentimos cuando estuvimos a los pies del Ojos del Salado (ver relato en que hago referencia al Parque Nacional Nevado Tres Cruces)

Al poco rato, comenzó a caer algo de agua-nieve, nada preocupante, pero novedoso:

Luego de pasar por nuestro punto más alto, a 4.825 m de altura, visitamos lagunas y humedales por sobre los 4.500 msnm.

Rematamos subiendo en la Laguna Negra, una verdadera maravilla y justo nos tocó con casi nada de viento, por lo cual el espejo de agua también contribuyó a la belleza del paisaje.

Al regreso decidimos pasar por el Salar de Tara, que se encuentra a más de 4 mil metros de altura y muy cerca del punto tripartito fronterizo entre Chile, Bolivia y Argentina. Estuvimos poco rato y estaba tremendamente ventoso. Sus mayores atractivos geográficos son los Monjes de Pacana que son gigantescas piedras verticales que moldeadas por la erosión del viento han imitado la silueta de unos monjes.  Se encuentran en la planicie cercana al Salar de Aguas Calientes. También están las Catedrales de Cenizas, formadas precisamente por las cenizas arrojadas por el Volcán Licancabur hace miles de años durante una de sus erupciones. Con el tiempo han adquirido formas circulares (tipo espiral) debido a las fuerzas erosivas del desierto.

Concluimos el día con otro asado bastante contundente y también regado. La hospitalidad y generosidad de Daisy y Enrique fue fenomenal. Ella incluso nos horneó un tremendo y sabroso pan, el cual nos duró muchos días. ¡Muchas gracias, esperamos volver!

Al día siguiente, nuestro objetivo sería llegar a Ollagüe, un lugar bastante alejado donde el mayor atractivo era la ruta misma…

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